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Hace muchos años, en la prehistoria, cuando vivían los
hombres primitivos, hubo una tormenta. Cayeron varios rayos y uno fue a dar justo en
un árbol. Enseguida apareció una cosa amarilla oscura. La tocaron y se
quemaron. Luego arrancaron una rama la pusieron junto a la cosa amarilla y
se contagió. Fueron poniendo más y
más ramas para que no se gastara. Con ramas se lo llevaron a sus cuevas y
así en el invierno cuando nevaba y hacía mucho frío se podían
calentar. Con el paso del tiempo le llamaron fuego, siempre lo mantenían encendido y toda la tribu se juntaba a su alrededor. Hoy, después de miles de años, el 16 de Enero se siguen haciendo las hogueras de San Antón en recuerdo del día que se descubrió el fuego. Autor: Juan García-Moreno |
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